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Incendio
en la Droguería Jonson Cuba
En pocas horas las llamas convirtieron en cenizas toda la historia y
el alto valor patrimonial que atesoraba la Droguería Johnson, la más
antigua
de la Isla. Los restauradores aseguran que la reconstruirán hasta
devolverle el frescor de sus primeros días
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La droguería Johnson exhibía gran esplendor antes del
incendio.
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No han tenido tiempo ni
para lamentos. Pocas horas después de que la Droguería Johnson
fuese devastada este martes por las llamas de un poderoso incendio,
trabajadores de la entidad, apoyados por un personal
especializado, laboran intensamente en desaparecer el escombro
acumulado.
Trabajan rápido y casi
sin hablar, como si quisieran borrar rápidamente lo que el fuego
destruyó. Pero por más que se esfuercen el dolor no se les pasará
por ahora. Por lo menos hasta que la farmacia resurja como Ave Fénix,
desde las cenizas.
Algo que según Ismael Vázquez,
jefe del grupo de inversiones de la calle Obispo, no demorará mucho
tiempo. “Ya estamos limpiando todo, y cuanto antes volveremos a
restaurar la farmacia para darle la misma imagen que tenía
desde su fundación, hace más de cien años”, dijo a este diario
el especialista.
Mas, los daños
ocasionados por el incendio —catalogado como de altas proporciones
por los expertos del Cuerpo de Bomberos— dejan un agrio recuerdo
en la memoria de muchos nacionales y visitantes, que quedan
asombrados al ver convertidos en escombros y cenizas aquel
invaluable recinto.
Lo más doloroso, es que
hace poco tiempo esta droguería fue reinaugurada luego de recibir
una amplia y costosa reparación, que en cifras sobrepasó el costo
de un millón de pesos entre la moneda nacional y convertible.
“Fue una reconstrucción
cara, difícil, y muy paciente. Se trató de que la farmacia quedara
lo más parecida posible al primer día que abrió sus puertas allá
a finales del siglo XIX, y tuvieron que adquirirse muchas piezas clásicas
de esa época”, recuerda con pesar Ismael Vázquez.
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La mayoría de los recipientes de porcelana sucumbieron ante
el fuego.
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Casi todos los equipos,
instrumentos, decoraciones y partes del establecimiento, eran muy
similares
al que tenía en sus primeros años, lo que le ofrecía un
extraodinario valor patrimonial. Muchos hombres y mujeres
encabezados por el historiador de la capital,
Eusebio Leal, lograron ganarle esa pelea al tiempo hasta este martes
en la tarde.
“Todos los estantes del
inmueble fueron construidos con maderas preciosas; y la gran mayoría
de los equipos eran originales a los que tenía en sus años de
apertura”, explicó Ismael.
Aún es temprano para
medir con precisión las pérdidas del siniestro, pero algo es
seguro ya: la droguería está destruida casi completamente y las
piezas se perdieron casi en su totalidad.
LOS PRIMEROS EN LLEGAR
Casi cuatro horas
necesitaron decenas de bomberos capitalinos para apagar la última
llamita que quedaba con vida en el trágico suceso.
Fueron más de tres horas
de riesgos y derroche de valentía. Una dura prueba de fuego para
los bomberos capitalinos y el Cuerpo de Rescate y Salvamento del
territorio, quienes con su rápido desempeño evitaron la propagación
de las llamas y pérdidas de vidas humanas.
Según opiniones de
algunos oficiales del MININT y de la población, la agilidad con que
actuaron los jóvenes bomberos evitó males mayores.
“Gracias al valor de
esos muchachos que subieron hasta el cuarto piso del edificio y lo
apagaron todo, porque la cosa se puso fea de verdad”, manifiesta
Paulino López, vecino del lugar donde ocurrió el hecho.
JR se dirigió la víspera
hasta el Comando Uno de los bomberos en la capital. Los integrantes
de esta unidad fueron los primeros en entrar en acción, y quienes
primero arriesgaron sus vidas también por salvar las de
otros.
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A pesar de su juventud,
Duniel Sánchez desempeñó una importante labor en la
sofocación del incendio.
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“Fui el primer bombero
que llegó al incendio. Acudió una dotación completa del Comando
Uno, pero como mi puesto en el carro es de bombero uno, me tocó
iniciar las operaciones para sofocar el fuego”, explica el joven
Duniel Sánchez Valdés.
Según cuenta este joven
de solo 20 años de edad, este es el mayor incendio donde él ha
participado. Como tres cuadras antes de llegar al sitio, ya se
apreciaban las altas llamaradas y no se divisaba casi nada por la
gran cantidad de humo que lo cubría todo.
—¿No te impresionaste
al tener la responsabilidad de iniciar la sofocación del incendio?
—Impresionado sí
estaba, pero también me sentía tranquilo, ecuánime. Solo hacía
lo que tantas veces hemos ejercitado. Aunque las llamas estaban
altas y el humo era insoportable, todo el comando lo hizo bien, y
contuvimos el fuego hasta que llegaron los refuerzos de otras
unidades que nos ayudaron a eliminarlo totalmente.
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Integrantes del Comando Uno, el primero en entrar en
acción durante el siniestro.
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El primer teniente Noel
Silva García, jefe de compañía del Comando Uno estaba al
frente del primer carro de bomberos que llegó al lugar del
incendio. Lo primero que confiesa es que fue un siniestro como hace
rato no veía.
“Cuando llegamos más
del 95 por ciento de la farmacia estaba prendida completamente. Había
gran volumen de llamas que se propagaban rápidamente a los niveles
superiores del edificio, debido a los productos químicos con los
cuales se labora en la entidad y la presencia de combustibles sólidos.
“Por la magnitud del
incendio tuvimos que pedir ayuda a las unidades de los municipios
vecinos y solo así logramos neutralizar el fuego. A pesar de la
juventud de los integrantes de los distintos comandos que
participaron en la operación todos actuaron como si fueran
profesionales de varios años de experiencia”, dijo el oficial.
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Ardió una joya
patrimonial
Las droguerías Johnson,
Sarrá y Taquechel son parte de la historia de la farmacia
habanera y nacional, constituyendo una red de instituciones
que intentan rescatar esta tradición.
La primera de las
mencionadas fue propiedad de Manuel Johnson, integrante de una
familia de farmacéuticos de ese apellido, inmigrantes de España,
y está ubicada en Obispo No. 53, en pleno corazón de La
Habana Vieja, Patrimonio de La Humanidad, donde remeda el
esplendor que la caracterizó en el siglo XIX.
La añeja y emblemática
institución, situada en un hermoso edificio colonial, con
puntal alto y estructura de madera, quedó restaurada
recientemente y seguía cumpliendo funciones de farmacia.
Estaba atestada de
albarelos, recipientes de cerámica usados para almacenar los
productos, y expendía medicamentos de todo tipo destinados a
la población.
http://www.jrebelde.cubaweb.cu/2006/enero-marzo/mar-16/cuba_destruyo..html
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