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Las enfermedades que aquejan a los sobrevivientes de la bomba atómica 

Un estudio muestra cómo fueron afectados los sobrevivientes de las dos bombas atómicas que cayeron sobre Japón a fines de la Segunda Guerra Mundial. Quienes eran más jóvenes se llevan la peor parte.

El riesgo de contraer una enfermedad aumenta cuanto más joven era el sobreviviente en el momento de la exposición a la radiación de las bombas que cayeron en Nagasaki e Hiroshima. Todos ellos corren más riesgos de desarrollar ciertas enfermedades de la glándula tiroides, como tumores y quistes.

La tiroides produce hormonas que regulan el crecimiento y el metabolismo. Para los científicos, las enfermedades que se detecten en esta glándula son una herramienta útil para estudiar los efectos de la radiación en el organismo. Por ejemplo, los cánceres de tiroides fueron los primeros tumores sólidos cuya frecuencia aumentó considerablemente entre los sobrevivientes de la bomba atómica.

Misa Imaizumi, de la Fundación de Investigación de los Efectos de la Radiación, estudió a más de 4.000 sobrevivientes de las bombas atómicas de 1945 en Hiroshima y Nagasaki entre 2000 y 2003, con la intención de detectar problemas de tiroides. Los investigadores japoneses descubrieron enfermedades de tiroides en casi el 45% de los participantes, con el riesgo de desarrollar problemas relacionados directamente con el nivel de exposición.

“El estudio actual reveló que, entre 55 y 58 años después de la exposición a la radiación, existe una relación lineal importante en la presencia no sólo de tumores de tiroides malignos sino también de nódulos benignos en la tiroides, y que la relación es considerablemente más alta en quienes estuvieron expuestos a la radiación a edades más tempranas”, escriben los investigadores en la publicación de la Asociación Médica de Estados Unidos. “Un examen exhaustivo de la tiroides sigue siendo importante mucho después de la exposición a la radiación, especialmente en el caso de las personas que estuvieron expuestas a edades más tempranas”.

John Boice, de la facultad de medicina de la Universidad de Vanderbilt, escribe en un artículo que acompaña el paper: “El estudio de los sobrevivientes de las bombas atómicas sigue siendo el único estudio más importante sobre los efectos de la radiación en los seres humanos, pero la exposición fue breve y duró menos de un segundo”. Boice destaca que “un efecto biológico de una exposición ambiental breve y única, hace casi 60 años, siga estando presente y se pueda detectar”.

Los sobrevivientes que tenían menos de 10 años en el momento en que se arrojaron las bombas fueron los que corrieron más riesgos de desarrollar problemas de la tiroides, pero no hubo un incremento significativo en el riesgo (más allá de la exposición a la radiación en sí) en quienes tenían más de 20 años.

Para aquellos que eran chicos en 1945, el riesgo aumentado aparentemente dura toda la vida. “La sensibilidad a la radiación de la glándula tiroides joven es alta y es muy probable que se relacione con una actividad proliferativa posterior de la glándula durante la pubertad y el crecimiento. Sin embargo, las razones para la falta de riesgo posterior cuando la exposición fue a una edad adulta todavía no son del todo claras”, dijo el doctor Boice.

The Guardian.
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