algeciras.
Poco después de las once y media de la mañana, algo empezó a oler muy
mal en La Reconquista. Decir eso no es emular a Shakespeare y a su
"algo huele a podrido en Dinamarca", sino ajustarse a la
realidad. De buenas a primeras, el ambiente se llenó de un penetrante
aroma a piscina recién desinfectada. Demasiado penetrante, a decir
verdad. Como para preocuparse.

En
esos casos, la confusión es lo primero que se alza sobre todas las demás
cosas. Se sabe que pasa algo, pero no qué ocurre exactamente. Tapándose
la boca con un pañuelo, o si no con la mano, los paseantes restringen sus
mareos y sus ganas de vomitar, pero eso no les quita la inquietud.
Hay
quienes llaman a los bomberos. Otros acuden a la Policía Local y un
tercer grupo marca el 091. Los avisos hacen que se despliegue el
dispositivo de seguridad, que rápidamante dirige sus pasos al que se
apunta como el foco del olor: el desvencijado polideportivo El Calvario,
unas instalaciones que llevan años pidiendo a gritos un relevo.
Allí
se descubre qué ocurre. Se ha producido un escape de cloro como
consecuencia de la erosión de una bombona que lo contenía. Ese depósito
estaba en la piscina, que lleva más de diez años en desuso. Estaba
picado y oxidado. No aguantó más y sobrevino la fuga.
No
arrojó al aire más allá de dos o tres litros, según aseguraron fuentes
de bomberos y Policía Local, pero fue suficiente como para provocar la
alarma generalizada y como para bastante más. Por ejemplo, como para que
la Policía Local ordenara la evacuación de siete edificios colindantes,
o como para que cuatro residentes de la zona tuvieran que ser atendidos en
sus domicilios por irritación de las vías respiratorias.
Nada
grave, tranquilizaban los encargados de emergencias. Fundamentalmente se
atendió a personas muy mayores, una de las cuales incluso fue evacuada al
hospital Punta Europa en un coche de la Policía Local. A otro hombre, de
87 años, se le dio un tratamiento broncodilatador para que respirara con
más comodidad. Mientras, desde las ventanas, miraban otras personas de
avanzada edad que, debido a su escasa capacidad de movimientos, ni fueron
desalojadas. Otros vecinos no fueron atendidos allí, pero sí se
desplazaron por su cuenta al hospital Punta Europa y al ambulatorio Menéndez
Tolosa. Difícil fijar una cifra exacta, pero con seguridad más de una
decena.
Nada
grave, se insistía. Pero las mascarillas con las que se cubrían los
policías y los voluntarios de Protección Civil no tranquilizaban nada. Y
no menos desasosiego causaba comprobar que, al cabo de un rato ese olor
–cada vez menos penetrante, también es verdad– daba dolor de cabeza.
La sugestión, en algunos casos, se encargaba de hacer lo demás.
Mientras,
el polideportivo se mantenía acordonado. Dentro se estaba a la espera de
que una empresa especializada pasara a recoger tanto la bombona de cloro
dañada como la otra que aún quedaba en el lugar. Se encerraron dentro de
una placa de hormigón y se metieron