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La
explotación de dos minas divide a la población de San Juan
SAN
JUAN.– Como si tras desviarse cientos de kilómetros al Oeste las aguas del río
Uruguay se hubieran abierto paso por esta provincia y dividido en dos su
territorio, los sanjuaninos se debaten hoy entre ser Fray Bentos o Gualeguaychú.
La piedra de la discordia no son aquí las dos papeleras que se construyen sobre
la margen uruguaya de aquel río, sino dos megaproyectos mineros –uno ya en
funcionamiento– emplazados en la Cordillera de los Andes.
Los primeros creen, como los uruguayos, en las promesas de la empresa de que su
moderna tecnología no contaminará y se ilusionan con que la inversión de 2000
millones de dólares dará un empujón inigualable a la economía regional. Los
segundos temen, como los entrerrianos, que se produzcan daños irreparables en
el medio ambiente y en los seres humanos, y sueñan con que su movilización
pueda detener los planes trazados por estas multinacionales.
La canadiense Barrick, líder mundial en producción de oro, explota desde
octubre la mina de Veladero, a 4400 metros de altura y a 350 km de esta capital.
En los próximos 17 años planea extraer de allí 13 millones de onzas de ese
metal (unos 7000 millones de dólares). Pero su principal apuesta es el proyecto
binacional Pascua-Lama, ubicado en la frontera con Chile: las reservas estimadas
son de 17 millones de onzas (US$ 9500 millones, equivalente a la deuda pagada al
FMI).
Son minas a cielo abierto, o sea, que el material es extraído del cerro
mediante explosivos y luego el oro y la plata son separados gracias a un
producto con nombre de veneno: cianuro. Barrick sube a Veladero un promedio de
dos toneladas de cianuro por día; un gramo alcanza para matar a diez personas.
"En términos de contaminación ambiental, estos proyectos son mucho peores
que las papeleras de Fray Bentos", dijo Emiliano Ezcurra, director de campañas
de Greenpeace Argentina. Además del uso del cianuro, los ecologistas cuestionan
el alto consumo de agua en una región donde es un bien escaso (hasta 110 litros
por segundo en Veladero, más de 300 en Pascua-Lama) y el hecho de que las
explosiones dispersan por el aire minerales tóxicos que luego pueden producir
lluvia ácida.
"Cuando en Europa llegue la noticia de que hay plantas de lixiviación [el
proceso de lavado con cianuro] cerca de los viñedos, ponele la firma de que en
San Juan desaparece la agricultura", dijo Carlos González, de la agrupación
ecologista Inti-Chuteh.
Barrick -que en los 90 tuvo al ex presidente norteamericano George Bush padre en
su consejo de asesores- sostiene que no hay posibilidades de filtración de
cianuro en todo el proceso productivo, que el fuerte viento cordillerano
dispersa las mínimas partículas de mineral que puedan producir las explosiones
y que la empresa no sólo se ajusta a las leyes ambientales de donde opera, sino
que también impone sus propios estándares de protección al medio ambiente,
incluyendo más de cien monitoreos diarios en las aguas que rodean la mina.
Sin embargo, no siempre las leyes autorizan el uso de cianuro para la producción
de oro. Chubut lo prohibió en 2003 luego de una fuerte movilización (con
plebiscito incluido) en Esquel. El año pasado, Río Negro dictó una ley
similar y Mendoza dispuso una medida de no innovar cuando recibieron proyectos
mineros de este tipo. También fue prohibido en algunos estados de Estados
Unidos, como Montana (de fuerte producción minera), y en países de Europa.
San Juan no sólo lo permite, lo alienta. Para el gobernador José Luis Gioja, a
las provincias que prohibieron la minería con cianuro les falta información.
"Es imposible que se pueda contaminar usando la lixiviación", dijo a
LA NACION.
Hernán Vera, gerente general de Veladero, fue aún más enfático. "Tengo
20 años de experiencia, 20 años viviendo alrededor de minas, con mis cuatro
hijos tomando agua del lugar y a veces jugando al lado del dique de cola [donde
se hace el lavado con cianuro]. Estoy seguro de que no va a pasar nada",
afirmó.
Entre los que respaldan los proyectos de Barrick, figuran el gobierno
provincial, los empresarios mineros, los gremios, la universidad y los
principales medios de comunicación sanjuaninos. La empresa es uno de los
mayores anunciantes de la TV local.
Además de varias agrupaciones ambientalistas, rechazan las minas los
productores viñateros, los empresarios del turismo y algunos partidos
opositores. En Chile, la oposición a Pascua-Lama también está encabezada por
la Iglesia.
Poca repercusión
Aunque el tema es ampliamente conocido por la población, hasta ahora las
movilizaciones en San Juan por este tema no fueron muy numerosas. Sanjuaninos
Autoconvocados (una agrupación similar a la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú)
se juntó con los piqueteros del movimiento Aníbal Verón para hacerle un
escrache a Barrick y entregarle un petitorio, que no fue recibido.
"Cuando alguien no quiere debatir es porque oculta algo", dijo el
ambientalista Hugo González, un ingeniero en minas que en un momento de su vida
hizo un clic y dejó su actividad anterior por la lucha ecologista. Hoy se pasea
por San Juan con un gorrito que dice "maldito oro" y no usa teléfono
celular por los daños que produce a la salud. De todos modos, agrega, por ahora
no harán cortes de rutas. "La asamblea no quiere actos violentos",
justificó.
¿Por qué San Juan no se movilizó como Esquel o Gualeguaychú? "Es que el
sanjuanino es así, mansito", arriesgó Jorge, un remisero que tiene la
radio puesta en la única emisora local que habla del tema. "Es por la
cantidad de trabajo que crean esas minas", susurran otros. Sólo Veladero
empleó a 4000 personas para la construcción y a más de mil para la explotación.
Pero hay también otras explicaciones. "Gualeguaychù y Esquel tienen
condiciones sociales muy distintas -sostuvo Ezcurra-. Hay más cultura democrática
y menos empleados públicos. En San Juan la movilización no ha sido respaldada
por la prensa; es una provincia donde hay mucho miedo."
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