Sierra
Pintada, el yacimiento del conflicto
La cola de la mina
de uranio de Sierra Pintada se encuentra a pocos kilómetros de San Rafael,
entre la Cordillera y la ciudad. Los vientos corren mayormente desde la cadena
montañosa, por lo cual existe el temor de que esos desechos de las minas de
uranio a cielo abierto vuelen hacia las zonas urbanas. Una solución para que
esa montaña de restos no vuele es encapsularla en una especie de sarcófago con
el que se la aislaría tanto del aire como del suelo. Así se evitaría también
que se contamine la napa freática. La cola de una mina es todo el desecho que
queda de la explotación del uranio. Allí queda tierra muy alterada químicamente,
con componentes contaminantes como metales pesados, arsénico, etc..
La
mina de uranio de Sierra Pintada está ubicada cerca de San Rafael, y funcionó
a cielo abierto hasta 1996, cuando la actividad dejó de ser rentable. Según la
información que manejan los habitantes del lugar, ahora habría intenciones de
reabrirla.
La cola, que es la que contiene
desechos altamente contaminantes, se encuentra en el lugar desde 1980, cuando la
mina empezó a ser explotada. No es la única mina desactivada. En todo el país
son nueve (ver mapa), todas están cerradas y todas representan el mismo peligro
ambiental para su zona de influencia.
Preocupa
la posible contaminación con uranio en zonas de vendimia
El grupo de la
facultad de Exactas que brinda servicio de medición de radioactividad fue
convocado por los productores de vino de Sierra Pintada, en San Rafael, donde
desde 1996 hay restos de una mina a cielo abierto que podrían afectar las napas
freáticas o llegar a los arroyos. El debate en la comunidad se reavivó porque
existiría la intención de reactivar la explotación. Las bodegas de vino
malbec temen que se vea afectada la exportación de esos productos. El grupo
relativiza la alarma y advierte que el uranio es un componente de la naturaleza.
Intentarán determinar sus niveles
Los
productores de vino de la cuenca rafaelina, desde donde sale buena parte de los
mejores malbec, temen que la reapertura de una mina de uranio en la zona de
Sierra Pintada atente contra el prestigio que la bebida tiene en el mercado
exportador, fundamentalmente estadounidense y europeo. En un intento por medir
el real impacto de esa sustancia, convocaron a especialistas de la Universidad
Nacional de La Plata (UNLP) que analizarán agua de la región, jugo de uva y
productos manufacturados.
En febrero, el equipo platense
ya estuvo en la zona del conflicto. Se encontró con una comunidad movilizada y
preocupada. “Nuestro objetivo, además de intentar una medición sobre los
niveles de uranio y otras sustancias que quedan en el ambiente durante el
proceso de depuración, será educar para derri-
bar varios mitos en torno a la
radiación”, dice Judith Desimoni, coordinadora del Grupo de Investigación y
Servicios de Radioactividad en el Medio Ambiente, que funciona en la facultad de
Ciencias Exactas.
El grupo trabaja con la premisa
de que “hay mucho prejuicio a la hora de hablar de radioactividad y no se
tiene en cuenta que se encuentra en la na-
turaleza”. Así las cosas, hay
mitos contra los que remar. Leonardo Errico, otro miembro del grupo, da como
ejemplo de mito cuando la gente pide “uranio cero” en el agua. “Eso es
imposible”, afirma.
Vino en peligro
Pero existen datos objetivos en
Mendoza que justifican la preocupación del habitantes y de los productores. En
la zona se encuentra el Arroyo Del Tigre, un afluente del río Diamante, el cual
aguas arriba de la “cola” de la mina, que aún se encuentra a cielo abierto,
y tiene un nivel de uranio diez veces inferior al que se detecta una vez que el
curso se agua pasó por la zona afectada.
Otro dato que los científicos
tienen en cuenta es que todo el sistema hídrico de la zona rafaelina tiene no más
de 10 microgramos de uranio por litro de agua. Pero en la región de la Sierra
Pintada, donde se encuentra la mina, la concentración es 75 microgramos por
litro. “Aunque ese arroyo actualmente no se usa para riego, potencialmente
puede usarse”, dice Desimoni.
La actitud de Comisión Nacional
de Energía Atómica (CNEA), de desestimar el planteo ambientalista, se basa en
que una ley nacional dice que el agua de fuente para procesar para el consumo
humano tiene que tener como máximo 100 microgramo por litro. “Pero se olvidan
del agua para riego y el agua para vida acuática, que no puede superar los 10 y
20 microgramos por litro respectivamente”, dice Errico.
Pero existe una situación más
riesgosa, vinculada con uno de los procesos mineros. Se trata de lixiviado, una
sopa química que se utiliza para la depuración. “Es un líquido altamente
contaminante que queda en la cantera y va a parar a la napa freática. Y los
habitantes dicen que cuando llueve mucho la cantera se rebalsa y el líquido
termina el arroyo”. Entre otros componentes, esa sopa química tiene arsénico
y metales pesados.
Las concentraciones en esa zona
asustan. Tiene hasta siete mil microgramos de contaminantes por litro. “Lo
grave es que no hay resultados de monitoreos que sean accesible, lo cual me
parece terrible, porque si estuviera todo transparente sería mucho más fácil
trabajar y medir la situación”.
Por eso, antes de empezar los
monitoreos, el equipo de profesio-
nales platenses aconseja que no
se haga nada, que no se mueva un gramo de tierra hasta que no exista una línea
de base de toda la zona. Si no hay transparencia, “la gente empieza a
sospechar y ver fantasmas que por ahí no existen”, dicen.
Audiencia pública
La llegada de Desimoni y su
equipo a Mendoza se dio en medio de un clima de tensión entre los productores,
la comunidad y la CNEA, dispuesta a retomar la explotación de uranio en la
zona. “Llegamos a través de uno de los asesores de la secretaría de Política
Ambiental (SPA) de la provincia de Buenos Aires, que es miembro de una de las
ONG ambientalistas”, relata Desimoni.
“No invitaron a nosotros
porque el problema que tienen es que no hay técnicos para analizar el problema,
estuvimos cuatro días con un ritmo de trabajo de las 9 de la mañana a las 2 de
la madrugada”, recuerdan Desimoni y Errico.
La movilización esta fundada en
el temor de que la comercialización de los vinos de la región, que gozan de un
prestigio importante a nivel mundial, se vea perjudicada. De hecho ya apareció
un artículo en el Financial Times de Londres, que anticipa el problema en vinos
mendocinos.
Pero Desimoni ve en esa “campaña”
un golpe un tanto bajo. “Creemos que después de Chernobil los vinos de Europa
deben estar también contaminados por muchas otras sustancias que no son
naturales”, dice la investigadora, dispuesta a hacerle entender a la gente que
tiene con qué defenderse.
Es por eso, que el trabajo
incluye el análisis de vinos franceses de primera calidad para comparar sus
concentraciones con los vinos argentinos. El grupo también va a medir jugo de
uva malbec de toda la región (cerca y lejos de la mina) y agua de la zona, para
determinar si se encuentra fuera de los parámetros normales.
http://www.diariohoy.net
1/4/07